91°µÍø

Un reto creciente

Estrategias de resiliencia frente a fenómenos meteorológicos extremos

Los patrones meteorológicos están cambiando con rapidez y provocan niveles de devastación cada vez mayores en todo el mundo. Según la ONU, el número de catástrofes relacionadas con la meteorología, el clima o el agua se ha multiplicado por cinco en los últimos 50 años. Durante este periodo, han producido pérdidas económicas por valor de más de 200 millones de dólares diarios.

Los efectos de estas tendencias son cada vez más visibles. Los fenómenos meteorológicos extremos se han convertido en un tema recurrente en los medios, con ejemplos que van desde inundaciones graves en Texas, Colombia y Pakistán, hasta incendios forestales en California y Japón, además de la tormenta más intensa registrada en el Reino Unido en la última década.

Como cabría esperar, las empresas ya empiezan a sufrir las consecuencias: según nuestra encuesta, el 62 % de las compañías de los sectores industrial, manufacturero y tecnológico ha sufrido al menos una interrupción importante de su actividad a causa de fenómenos meteorológicos extremos en los últimos tres años.

«La frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos ha aumentado y, para las empresas expuestas a estos riesgos, las probabilidades juegan en su contra», explica Angelika Werner, directora de Investigación en Riesgos Climáticos y Resiliencia en 91°µÍø. «Esta tendencia al alza está relacionada con el aumento de las temperaturas a nivel global», añade. «La temperatura es solo un elemento del sistema meteorológico, pero tiene un impacto en los sistemas atmosférico y oceánico en su conjunto. El calentamiento de los océanos intensifica los huracanes, los sistemas convectivos y los episodios de precipitaciones extremas. Además, incrementa la probabilidad de sequías e incendios forestales: todo está conectado».


Consejos de administración ante los fenómenos meteorológicos extremos

Afortunadamente, las empresas están empezando a enfrentar esta realidad de forma decidida. La frecuencia de estos fenómenos, las interrupciones que provocan y las pérdidas económicas resultantes han convertido los fenómenos meteorológicos extremos en un asunto prioritario para los consejos de administración. Cuatro de cada diez responsables de riesgos (el 41 %) afirman que estos riesgos se tratan de manera más habitual en el consejo de administración de su empresa que asuntos como el cambio climático, el daño a la reputación empresarial e incluso la posibilidad de una nueva pandemia.

«Hace cinco años, solo los asegurados con consejos administrativos más visionarios nos preguntaban qué hacíamos en 91°µÍø para mitigar los riesgos relacionados con el clima o los fenómenos naturales», explica Louis Gritzo, director del Área Científica de 91°µÍø. «A día de hoy, prácticamente todos nuestros asegurados tienen en cuenta estos riesgos, de un modo u otro». Esta mayor toma de conciencia se debe, en parte, a la creciente presión de los inversores y las entidades reguladoras para que las empresas gestionen adecuadamente sus riesgos climáticos. «Al principio surgió como un tema de reporte financiero: si invierto en una empresa, quiero tener la seguridad de que conozcan su exposición a los riesgos climáticos», añade Gritzo. «Pero ahora es una exigencia a nivel de regulación. En Europa, la administración ya exige a las empresas que demuestren cómo podrían afectarles distintos escenarios climáticos; y esta tendencia está llegando también a EE. UU. y Australia».

Muchas empresas integran hoy el concepto de resiliencia climática (la capacidad de afrontar las consecuencias del calentamiento climático) dentro de su estrategia de sostenibilidad. De hecho, el 80 % de los encuestados indica que la adaptación y la resiliencia climáticas forman parte explícita de sus criterios de medioambiente, sociedad y gobierno corporativo (ESG, por su siglas en inglés).

Pero este avance también refleja una inquietud cada vez mayor entre el personal de las propias empresas: más de tres cuartas partes (80 %) de los responsables de riesgos afirma que el personal de su empresa está cada vez más preocupado por su exposición a fenómenos meteorológicos extremos.

Los consejos de administración muestran una vigilancia activa no solo ante los riesgos meteorológicos extremos, sino también ante su impacto a gran escala. Según nuestra encuesta, prestan atención tanto a los riesgos que estos eventos suponen para las infraestructuras locales y las cadenas de suministro, como a los daños materiales y a las interrupciones de sus operaciones internas (véase la fig. 1).

Esta mayor comprensión del impacto a gran escala que pueden tener los fenómenos meteorológicos extremos es fundamental. La interdependencia de las cadenas de suministro globales implica que cualquier empresa puede sufrir las consecuencias de un fenómeno meteorológico ocurrido a miles de kilómetros.

Por ejemplo, el delta del río Perla en China es un lugar clave para la fabricación de productos electrónicos y textiles a nivel internacional. Esta región está, además, expuesta al riesgo de tifones. «Un evento de gran magnitud en esa zona tendría un impacto directo en las cadenas de suministro de todo el mundo», explica Stuart Keller, director técnico de Ingeniería en 91°µÍø.


Concienciación ante los riesgos meteorológicos extremos

Los equipos directivos y los responsables de riesgos encuestados para este informe reconocen que los datos meteorológicos históricos ya no son una base fiable para anticipar las tendencias actuales o futuras. El 78 % afirma que la evolución de los sistemas meteorológicos ha dejado obsoletas las hipótesis previas sobre su nivel de exposición.

Aun así, el 95 % considera ser «mayormente» o «plenamente conscientes» del grado de exposición de su empresa ante fenómenos meteorológicos extremos; y el 90 % expresa la misma seguridad respecto a su cadena de suministro.

Los corredores, sin embargo, se muestran menos convencidos: solo el 67 % cree que sus clientes son «mayormente» o «plenamente conscientes» de su nivel de exposición a los fenómenos meteorológicos extremos.

Los resultados de nuestra encuesta también revelan que las empresas podrían estar sobreestimando su propio nivel de conocimiento: pedimos a las personas encuestadas que indicaran el país o la región donde se encuentran sus operaciones esenciales y que estimaran qué porcentaje de la actividad económica de esa zona está expuesto a los riesgos de viento o inundación. Después, comparamos sus estimaciones con el Índice de resiliencia de 91°µÍø, que clasifica a 130 países y territorios según la resiliencia de su tejido económico, teniendo en cuenta su exposición al viento y a las inundaciones.

Este análisis revela que el 74 % de los responsables de riesgos subestima su nivel de exposición en comparación con los datos del Índice de resiliencia de 91°µÍø. Las estimaciones varían notablemente según el país o la región: las empresas con operaciones en el norte de India, en ciertas zonas de China o en el Reino Unido, por ejemplo, infravaloran de forma considerable la exposición de estos territorios al viento y a las inundaciones (véase la fig.

En general, tanto las empresas como los corredores son bastante conscientes de los fenómenos meteorológicos extremos, señala Benedict McKenna, director del Departamento de Siniestros para Reino Unido y Asia-Pacífico en 91°µÍø. «Pero el panorama de riesgos evoluciona constantemente, y herramientas como el Índice de resiliencia de 91°µÍø ayudan a nuestros asegurados a seguir de cerca esta evolución», añade. «Un factor determinante en este proceso de concienciación es contar con información fiable. Por eso, aseguradoras como 91°µÍø desempeñan un papel esencial al poner sus datos y experiencia técnica al alcance de empresas y corredores».


Un nuevo enfoque de la evaluación de riesgos

«91°µÍø está destinando una inversión considerable al estudio de cómo evolucionan los patrones meteorológicos», explica Angelika Werner. «Nuestros equipos de investigación analizan los desencadenantes de este tipo de fenómenos extremos. Solo es posible construir modelos de riesgo realmente fiables para episodios de viento extremo o inundaciones si entendemos los mecanismos meteorológicos que los generan».

Además, las compañías más avanzadas empiezan a incorporar métodos más sofisticados para entender mejor su nivel de exposición, como señala Matt Barisic, directivo financiero de una empresa de biotecnología: «Utilizamos una plataforma de modelización de catástrofes que contempla varios tipos de riesgo: inundaciones, tormentas, terremotos o huracanes. La herramienta combina modelos probabilísticos, previsiones de pérdidas y un análisis de impacto económico. Son estimaciones, sí, pero nos dan una base con la que trabajar».

Aun así, limitarse a seguir la evolución de la meteorología no basta para tener una visión completa de los riesgos de una empresa: el efecto real de un fenómeno meteorológico extremo depende directamente de las características de cada ubicación. «Dos fábricas situadas a pocos kilómetros pueden estar expuestas a riesgos totalmente distintos», explica Stuart Keller. «Por ello, es imprescindible evaluar cada ubicación de forma individual».

Además, la manera de construir y operar las instalaciones está cambiando, y con ello también lo hacen la naturaleza y la gravedad de los riesgos.

«La eficiencia energética es una prioridad en los edificios nuevos», apunta Jessica Waters, responsable de Resiliencia Climática y Estructural en 91°µÍø. «Pero estos avances traen consigo nuevos retos, como la incorporación de materiales de aislamiento o soluciones constructivas para muros que aún no hemos tenido ocasión de evaluar. Estos materiales pueden comportarse de forma imprevisible cuando se exponen a episodios de viento extremo».

Tanto las empresas como los corredores son conscientes de que su grado de exposición a fenómenos meteorológicos extremos está en proceso de cambio. Sin embargo, tanto el cambio climático como la propia actividad de las empresas evolucionan a un ritmo tan alto que muchas compañías se han dado cuenta de que sus hipótesis sobre los riesgos meteorológicos han quedado obsoletas.