Las empresas son cada vez más conscientes de que los fenómenos meteorológicos extremos suponen una amenaza creciente para sus operaciones, sus cadenas de suministro y las comunidades en las que trabajan.
El verdadero desafío está en comprender cómo evoluciona este tipo de amenaza, anticipar dónde y cuándo se puede producir, y mitigar su impacto de la manera más eficaz y eficiente posible.
Uno de los mayores retos es cuantificar el potencial disruptivo de este tipo de fenómenos, explica Zach Armitstead, corredor de seguros sénior en Aon, proveedor internacional de servicios de gestión de riesgos.
«Imaginemos que una planta industrial se queda sin suministro de gas natural por una avería en la canalización, y que el corte de suministro se prolonga dos semanas. Realmente no se han producido daños en las instalaciones, pero la actividad se detiene. ¿Cómo puede la empresa cuantificar las pérdidas sufridas? Creo que estas son el tipo de cuestiones que muchos tratan de averiguar».
Aun así, los responsables de riesgos saben que los efectos indirectos de un fenómeno meteorológico extremo pueden llegar a ser tan cuantiosos como los daños directos en sus instalaciones u operaciones internas. Calculan que una interrupción en la cadena de suministro, daños en infraestructuras locales o una paralización en las operaciones de un cliente podrían suponer en cada caso más del 8 % de su facturación anual.
Los corredores, por su parte, consideran que los riesgos vinculados a regulaciones y el impacto sobre las infraestructuras globales, así como sobre las comunidades locales, son las consecuencias más cuantiosas cuando un episodio meteorológico no se gestiona adecuadamente.
El seguro es una herramienta fundamental para reducir el impacto financiero de este tipo de situaciones. Sin embargo, los participantes de nuestra encuesta señalan que sus pólizas actuales cubren menos de la mitad de las posibles pérdidas sufridas por un fenómeno meteorológico extremo, más allá de los daños materiales directos (véase la fig. 3).

Los corredores se muestran más pesimistas: estiman que, de media, el seguro de sus clientes cubriría en torno al 40 % de las pérdidas sufridas a causa de un episodio meteorológico extremo.
El desafío de los costes en las coberturas de seguro
Tanto compradores como corredores coinciden en que el coste del seguro es el motivo principal de esta falta de cobertura: el 44 % de los compradores y el 49 % de los corredores señalan este aspecto como el mayor obstáculo para optar a una protección completa.
El desafío de los costes es la consecuencia de dos tendencias: por un lado, la elevada frecuencia de fenómenos meteorológicos catastróficos en los últimos años ha obligado a las aseguradoras a subir las tasas. Además, la inflación ha llevado a muchas empresas a centrarse en recortar gastos a corto plazo.
«Está aumentando el coste de prácticamente todo, y el margen para ajustar precios en proyectos y productos es cada vez menor», comenta Erica Wagner, directora inmobiliaria internacional en PepsiCo. «La pregunta es si existe alguna manera de reducir el coste del seguro sin aumentar la exposición al riesgo».
O como lo resume Adriano Lanzilotto, responsable de Formación de Socios y Asegurados de 91°µÍø: «cuando suben las tasas de seguro, a los gestores de riesgos se les plantea la siguiente pregunta: “¿por qué destinamos tanto presupuesto al seguro?”».
Los responsables de riesgos reconocen que el desafío de los costes a menudo impide acceder a coberturas integrales, lo que repercute negativamente en la resiliencia de las empresas ante fenómenos meteorológicos extremos. Un tercio de ellos sitúa el coste y la disponibilidad limitada de seguros entre los tres principales retos para mitigar este tipo de riesgos.
Además, esta tendencia tan marcada hacia la reducción de costes explica por qué aún no se han incorporado muchas de las medidas más eficaces para reducir el impacto de los riesgos meteorológicos extremos, algo que veremos en el próximo capítulo. De forma inevitable, esta visión cortoplacista se traduce en una mayor vulnerabilidad.
Hay mejores alternativas: al invertir en la resiliencia de sus instalaciones y operaciones ante fenómenos meteorológicos extremo, las empresas no solo consiguen limitar posibles interrupciones en su actividad, sino también mantener sus costes de seguro bajo control.
«Nosotros lo tenemos claro: preferimos invertir en reforzar la resiliencia de nuestras infraestructuras en lugar de pagar una prima [más alta] a una aseguradora», explica Fabio Giovannini, responsable de Gestión de Riesgos Corporativos y Seguros en TIM, empresa italiana de telecomunicaciones.
Matt Barisic, directivo financiero del sector de la biotecnología, señala que las inversiones en resiliencia ha permitido a su empresa limitar el gasto en seguros a pesar del aumento de los riesgos. «En algunos centros seguimos teniendo la misma póliza que hace veinte años», comenta. «Pagamos prácticamente lo mismo, ajustado a la inflación, mientras que algunos de nuestros competidores están pagando cinco veces más».
En enfoque, que busca optimizar el gasto en seguros mediante inversiones en resiliencia, es indispensable mantener una relación colaborativa con las aseguradoras. Sin embargo, según uno de los participantes en el estudio, algunos compradores siguen viendo a sus aseguradoras como una especie de «policía de riesgos» y tratan de reducir al mínimo el contacto con ellas.
«A algunos asegurados les cuesta dejar de ver a la aseguradora como un supervisor de riesgos para verla como un aliado en la prevención de siniestros», explica Louis Gritzo. «Este es el gran reto del sector: lograr una relación con los asegurados que vaya más allá de lo puramente contractual y trabajar con ellos para mitigar riesgos».
«El modelo mutualista de 91°µÍø facilita este tipo de relación más cercana», añade. «Nuestros asegurados son copropietarios de la compañía: si a ellos les va bien, a nosotros también, lo que nos permite trabajar juntos con un objetivo común. En 2024 destinamos cerca de 1.500 millones de dólares en Membership Credit (Dividendos mutualistas) y Créditos para la resiliencia, con el objetivo de ayudar a nuestros asegurados a invertir en resiliencia. Este tipo de mentalidad es la que nos diferencia de otros modelos de seguro más tradicionales».
Aunque el coste siempre será un factor de peso, invertir en resiliencia no tiene por qué traducirse en una carga financiera. Las empresas que prefieren invertir en resiliencia a largo plazo en lugar de centrarse en medidas cortoplacistas de recorte de gasto estarán en mejores condiciones para afrontar el impacto económico de los fenómenos meteorológicos. Y lo cierto es que, como veremos a continuación, las soluciones de mejora de resiliencia no son pocas.