Invertir en resiliencia ante los fenómenos meteorológicos extremos genera un círculo virtuoso: lo que se ahorra en las primas de seguro pueden reinvertirse en nuevas iniciativas de prevención.
Aunque suponga un coste inicial, una estrategia de resiliencia bien planteada puede influir de forma decisiva en el precio del seguro y en las opciones de cobertura disponibles.
Nuestra encuesta pone de manifiesto que hay numerosas oportunidades, todavía poco aprovechadas, para avanzar en resiliencia ante los fenómenos meteorológicos extremos.
Por ejemplo, los corredores consultados opinan que «integrar de forma sistemática la ingeniería de riesgos en las fases de diseño y construcción de nuevas ubicaciones» es la medida más eficaz para reducir el impacto de los riesgos meteorológicos extremos (véase la fig. 4).

No hay duda de que integrar la ingeniería de riesgos desde las primeras fases de desarrollo de una nueva ubicación puede reforzar su resiliencia de forma notable.
«Uno de nuestros clientes estaba construyendo una nueva planta en la costa de Vietnam», recuerda Benedict McKenna. «La zona sufrió el impacto de un tifón y, aunque a su alrededor todo quedó prácticamente arrasado, en sus instalaciones apenas se registraron daños».
«¿La diferencia? Esta planta había sido diseñada desde el principio siguiendo criterios de ingeniería de riesgos».
Sin embargo, solo el 28 % de los responsables de riesgos afirma que su empresa ha adoptado este enfoque de forma íntegra. Un 37 % lo ha hecho de manera parcial, y un 26 % tiene previsto aplicarlo en el futuro.
«En el diseño y la construcción de una ubicación confluyen muchas prioridades distintas, y algunas empresas no son plenamente conscientes del nivel de resiliencia que aporta la integración de la ingeniería de riesgos desde el inicio, ni de los beneficios económicos que esto conlleva», señala Jessica Waters.
«Tenemos un objetivo común: la resiliencia, así que es muy importante que colaboremos para fomentar la concienciación sobre los riesgos y las soluciones disponibles».
Otra medida que sigue pasándose por alto, pese al valor que le atribuyen los corredores, es la selección e instalación de equipos en función de su resiliencia ante fenómenos meteorológicos extremos: los corredores la sitúan en cuarto lugar entre las estrategias de prevención más eficaces, pero solo el 23 % de las empresas la ha integrado completamente.
El aumento de los fenómenos meteorológicos extremos ha llevado a muchas empresas a adoptar medidas prácticas de ingeniería de mitigación de riesgos, especialmente los relacionados con inundaciones, explica Stuart Keller.
«Desde el huracán Sandy, se ha extendido la implantación de soluciones para impedir la entrada de agua en los edificios, como barreras perimetrales que mantienen el agua fuera del edificio», comenta. «Las empresas saben que el riesgo está aumentando en muchas regiones y buscan opciones rentables para reducir su nivel de exposición».
Aun así, nuestro estudio muestra que todavía existen oportunidades poco explotadas para mitigar el riesgo de inundación: el 61 % de los corredores recomienda revisar o rediseñar los interiores para facilitar la circulación del agua en caso de inundación. Sin embargo solo el 20 % de los responsables de riesgos afirma que su empresa ha adoptado esta recomendación de forma íntegra.
Algo similar ocurre con las medidas de mitigación en caso de temporal de viento: más de la mitad de los corredores (53 %) considera que utilizar anclajes resistentes al viento en cubiertas y equipos exteriores es la medida más eficaz ante este tipo de riesgos, pero únicamente el 24 % de los responsables de riesgos afirma haberla implantado.
En cuanto a las medidas de mitigación del riesgo de incendios forestales, el 66 % de los corredores recomienda instalar sistemas automáticos de detección. Sin embargo, solo el 28 % de los responsables de riesgos afirma que sus empresas los han integrado plenamente.
Medidas estratégicas para reducir los riesgos meteorológicos extremos
Hemos visto que algunas empresas aún no aplican medidas de ingeniería básicas pero efectivas para mitigar los riesgos meteorológicos extremos. Sin embargo, muchas otras están adoptando una visión mucho más amplia, que va más allá de sus propias operaciones, con el objetivo de garantizar su resiliencia.
Por ejemplo, casi tres cuartas partes de los responsables de riesgos encuestados (72 %) indican que su empresa está reestructurando sus estrategias de aprovisionamiento internacional. Un 52 % analiza de manera regular el grado de exposición de sus proveedores a fenómenos meteorológicos extremos, y un 50 % cuenta con un plan de contingencia para hacer frente a posibles interrupciones en infraestructuras globales.
«Muchas empresas saben que la deslocalización y las cadenas de suministro globales conllevan vulnerabilidades de diversa índole, y han empezado a repatriar parte de sus operaciones para tener un mayor control sobre su exposición a los riesgos naturales. Son esas empresas las que saldrán reforzadas de esta situación», argumenta Gritzo.
Además, algunas compañías reevalúan si tiene sentido seguir operando en zonas expuestas a riesgos naturales, y la ubicación de sus instalaciones se está convirtiendo en un criterio estratégico cada vez más determinante.
«Lo cierto es que hoy resulta difícil encontrar una ubicación que no esté expuesta a riesgos naturales. Antes considerábamos el Medio Oeste de Estados Unidos o ciertas regiones de Europa Central como buenas opciones, pero ahora vemos episodios de lluvias torrenciales en zonas nunca vistas, además de un aumento de riesgo de granizo y cambios en los patrones de tornados», añade Gritzo.
Independientemente de la estrategia adoptada para reforzar la resiliencia ante los fenómenos meteorológicos extremos, es posible que se quede corta si los equipos internos no están formados ni sensibilizados. Por ello, los equipos directivos deben fomentar la cultura de prevención a nivel de organización.
«Cuando se produce un fenómeno meteorológico extremo, un plan de emergencia bien mantenido, probado y actualizado puede marcar la diferencia entre un siniestro catastrófico y una recuperación rápida», destaca Adriano Lanzilotto.
«Lo esencial es que cada persona tenga claro su papel y pueda actuar en el momento adecuado. La eficacia de este tipo de planes depende de la disponibilidad de equipos y de los proveedores encargados de la limpieza, así como de contar con contratos que garanticen la intervención inmediata de especialistas en limpieza y restauración».